Bueno, si lo anterior no les ha ocurrido, a mí me ha pasado en muchas ocasiones. Y en períodos de sobra.
El embuche de la barriga no es el único que ha tenido la mala suerte de empacharse con tanta cosa.
Si nos vamos a la parte superior del tórax (específicamente en la zona central izquierda), se darán cuenta de que en mí hay un atochamiento algo concurrente.
Es un ver-da-de-ro taco.
Y miren lo que pasó: hasta el Transantiago encontró su homólogo en mi anatomía, aunque de una manera más subjetiva, claro.
A falta de una tarjeta BIP! para el alma se seguirá insistiendo con la bocina de la conciencia, con un "tui-tui" que logre pegar un alcachofazo, o -si llego a tener un poco más de buena pata- un "¡avíspate aweonao!" (en este caso demósle al improperio un término femenino) no estaría nada de mal.
El corazón sigue su bombeo, la sangre continúa su camino, las emociones siguen en su apocamiento sin causa.
Aquí no existe un Sergio Espejo a quien echarle la culpa o pedirle la renuncia, tampoco un tal señor Navarrete, ni menos una doña Bachelet que ande de gira internacional mientras en la capital de su país queda la reverenda mierda; tan sólo existe una Tamara Figueroa quien tiene como única excusa un...:






















