sábado, marzo 24, 2007

Transantiago interno: taco in-ter-mi-na-ble

¿Les pasa que a veces comen y comen, la panza pareciera estallar, pero aún así siguen engulliendo de más?.

Bueno, si lo anterior no les ha ocurrido, a mí me ha pasado en muchas ocasiones. Y en períodos de s
obra.

El embuche de la barriga no es el único que ha tenido la mala suerte de empacharse con tanta cosa.

Si nos vamos a la parte superior del tórax (específicamente en la zona central izquierda), se darán cuenta de que en mí hay un atochamiento algo concurrente.

Es un ver-da-de-ro taco.

Y miren lo que pasó: hasta el Transantiago encontró su homólogo en mi anatomía, aunque de una manera más subjetiva, claro.

A falta de una tarjeta BIP! para el alma se seguirá insistiendo con la bocina de la conciencia, con un "tui-tui" que logre pegar un alcachofazo, o -si llego a tener un poco más de buena pata- un "¡avíspate aweonao!" (en este caso demósle al improperio un término femenino) no estaría nada de mal.

Hey, hey, hey; pero no se me pasen de lúcidos: no es fácil andar a la vuelta de la rueda. Tampoco es muy viable quedar estancada de golpe con la "pana del huevón" (insisto: póngale al agravio su toque 'doncellístico', por no decir 'huevona'). Simplemente un "sin querer me da la gana" me otorga la razón momentánea. Y darse cuenta de ello no es NADA de fácil.

El corazón sigue su bombeo, la sangre continúa su camino, las emociones siguen en su apocamiento sin causa.

Aquí no existe un Sergio Espejo a quien echarle la culpa o pedirle la renuncia, tampoco un tal señor Navarrete, ni menos una doña Bachelet que ande de gira internacional mientras en la capital de su país queda la reverenda mierda; tan sólo existe una Tamara Figueroa quien tiene como única excusa un...:
"¿y qué quiere que le haga? ¿que me haga un trasplante a lo 'Corazón de María' para solucinar el atochamiento interno?. No pues, al sentir no lo mando yo. Mi razocinio aún no da con la receta para domar a los sentimientos. Créame que éste ha intentado varias soluciones; incluso se disfrazó de paco (el 'cuasi respetable' amigo carabinero) por si lograba resolver un poco la obstrucción de las vías anímicas, pero tal como ocurre en las calles de asfalto, ha quedado más la cagada".

miércoles, marzo 07, 2007

'Tillas' grandes

Los pasos agigantados merodean por las calles buscando modos viables; sucede que las zapatillas me quedan algo grandes y se me entorpece un tanto el caminar.

¡Alto!, no se me precipite ni piense que lo negativo se apoderó de mí otra vez.
Craso error: se ganó dos puntos menos.

Le cuento que en vez de buscarle el lado problemático a la cosa me dio la huevada y amarré mi pesimismo a un ancla gracias a la ayuda de un par de cordones.

De esta manera logré darme cuenta de que un par de números más en mi calzado me permiten andar más lento. Y siguiendo con la misma línea he logrado observar cosas que al correr jamás percataría.

Esa calma ha trepado hasta mis neuronas y entabló con ellas una gran amistad; incluso en el día de San Valentín les obsequió -por medio de dendritas- un montón de mensajes químicos que me dejaron boquiabierta.

Parece que le hacía falta a mi vida un poco de sensatez así como pausada.

He de esperar que no se me dañen los talones con el cuentito de las tillas grandes. Las curitas no me gustan y menos que por dármelas de mujer calmada me salgan heridas.

¡Ni hablar!

miércoles, enero 31, 2007

Vaticinio a lo 'Disfruta'


Y comenzó el típico giro predecible.
A ver, me explico: múltiples vueltas que llegan al indeseable punto de las náuseas.


No me reproche nada: se veía venir.

Ciertamente las perspicacias apartan de su vista la imagen de buda sereno y les da la tincada de vestirse con atuendos nuevos. Ropas más livianas, así como ajenas.
Sí, puede que no se entienda; mas es mi paradigma de manifestación frente a la tendencia de alejarse de quien pierde el protagonismo que tuvo en algún momento.
Inyecciones de anestecia mental, Sobredosis de desapego, tratamientos en pro del desinterés.

No se enfade si no comprende. Le apoyo: aquí donde está leyendo los razonamientos saben algo incoherentes, pero para mi craneamiento personal es lo más cercano a la sensatez autodefinida. Usted se preguntará cuál es mi grado de sesatez, verá: respuesta concreta no le tengo. A ver si en algunas ahondadillas más dentro de mis recovecos le obtengo un buen fallo.

Tranquilo, no se me desespere.

En fin, volvamos al punto central.
¿Cuál era ése?
Ah sí. Lo de los cambios.

Verá usted: pasa que cuando me aparto de alguien, lo inaudito me sobrepasa. Lo que nos podría inmiscuir por igual con el individuo (a) deja su notabilidad en el callejón más oscuro, pestilente y apartado. Algo así como llenar la bolsa de basura con recuerdos, momentos y cosas que alguna vez importaron, pero que ahora fuerzan sólo distancias.

Qué tanto con el imán contraproducente. Chao con los polos de atracción, total, la química y las fórmulas
cabezonas en tramas de desperdicio humano no cuentan.

¡Y tanto embrollo por un giro predecible!

Al fin de cuentas lo imaginable termina sacando lo que viene y pone más predicciones indescifrables sobre la mesa.

¿Y qué quiere? ¿Que le sirva un cafecito también?

Dejemos que los giros se den vueltas en ellos sentaditos no más. La mucama que los trata como super estrellas no está de turno. Y ni crea que me pondré delantal para dármelas de nana servicial y complacer a esos ciclos que me regalan puras pelotudeces que me rematan los sesos.

Mejor me tomo una sal de fruta esperando que las burbujitas se me suban a la cabeza y me quiten la acidez del pensamiento. Asi que mejor me voy por el vaso de agua y el sobrecito efervescente poderoso.

jueves, enero 25, 2007

Porrazo voluntario

Cada día me siento más mierda con todo esto. Creía que me serviría para algo, pero no.

Estoy aburrida de caminar acompañada y sentirme sola. Estoy hecha algo así como un estropajo; ésos que se compran de emergencia en el almacén de la esquina y cuestan baratos por ser marca chancho.

Creo que me merezco un poco más. Bueno, un poquitito que sea.

Ya no sé por qué le doy más cuerda a los días sin aportes: insisto en dirigirme al abismo cada vez que miro al vacío. Sé que no hay nada allá abajo esperándome y decido tirarme en caída libre de todas formas. Voy en el descenso y miro cegada buscando lo que sé de memoria que jamás encontraré, pero -aún teniendo en cuenta que no existe ningún vislumbro- salto sin paracaídas.

Qué torpe que soy, qué terca que soy.

El porrazo viene con ganas, me golpeo en la mierda en la que decidí abarcarme y los hematomas son feos. Muy feos.

Ya me harté de escalar el precipicio y lanzarme barranco abajo a rienda suelta. La caminata se hace pesada, sobre todo si no hay una mano que me tienda aunque se aun poco de lástima. Y la caída se hace eterna, sobre todo si no hay una voz que me susurre algo de paz mientras tropiezo de frente con mis karmas.

martes, enero 23, 2007

A modo de escape

Como que pasa todo y no pasa nada.
Como que miro dos cuadras más allá y me encuentro con un zoológico de escarcha, tres cíclopes cortos de vista y un par de sentimientos rotos.
Cosa aparte: los dolores de cabeza siguen aquí. Se creen parte de la "gran" familia.

Un mientras tanto aguarda por escabullir los dedos en mis pensamientos. Trato de hilar lo que pasa por mis neuronas de acuerdo a lo que ocurre con los hechos.
Los anteriores andan poco consecuentes, debe ser porque giran en torno a ti.

Créeme que ya no lloro hace un buen par de años atrás.
La inconsecuencia me detesta, así que no avalo una relación de pareja complementaria con ella por mucho tiempo.


Días antes conversé con mis afanes de indiferencia: pasa que están como están por el mero hecho de tener buena memoria.
No se olvidan por cuantos espejos miraron y no encontraron nada. Tampoco dejan a la deriva el millón y tres veces que se pasearon como pelos de la cola.
No, no, no.


La indiferencia es buena aliada, pero también una gran enemiga. La he tenido de ambos bandos. Reconozco que nos llevamos bien, pero no me quedo con ninguna de sus artimañas.
Debe ser porque no me resulta mentir y no cagarla. Debe ser porque cagándola la cago más.


Me otorga indiferencia, me indiferencio con su indiferencia.
Qué escabullida esta andanza: me paro entre laberintos cuadrados pisándolos como si fuesen redondos.


Al final no va ni lo uno ni lo otro; todo termina siendo un gran lío.
Y no porque me pasee por calles sin salida, o porque corra tras puertas falsas: todo el loco lío va en que te encontraré al final.


La vía de escape eres tú.



No sabes cuánto ruego por que cambie el modo de juego-.

sábado, enero 06, 2007

El mundo se tomó esta chichita y ¡PAF! se envenenó



¡Bah!


Tú y tus recuerdos de pendejo.

Yo también quise quedarme chica, pero el mundo se dio cuenta de que era un peligro desde bebé, por lo que prefirió que me pasaran los años por encima (así como rapidito) para tenerme dentro del cajón más pronto (y de pasaíta me llenaran de flores pa´que no se sintiese el olor a muerto digo yo).

Craso error: ni sueñe que dejaré al mundo tranquilo de una vez por todas.


No sabe na´con la chichita que se está curando, no señor...
No tiene ni idea de que le tengo pavor a la muerte, por lo que no me interesa pisar el palito del otro mundo tan luego.


No te imaginas como fue el 1986.
Debe haber sido terrible, mas no recuerdo bien.
Porque analizando las cosas así como de la vida: llegué al globo el 09-06-86.
Si se da el 9 vuelta: 6-6-6 ---> 666.
Como pa´pensarla ¿no?
Al parecer sigo los pasos de Demian (el de la película, ese que era el hijo del diablo), pero en la versión femenina.
Creo que le estoy dando un toque más 'Eva' al mundo ¿no?
Aunque Lucifer eligió a la dama menos adecuada.
Hasta en ello el pobre cometió pecado. Y uno de los peores.



(Basada en una conversación inexistente, pero que sirvió de guía inspiradora)

miércoles, diciembre 27, 2006

Ella no más


Ella es la niña que se ríe fuerte. La que escucha música rara. La que adora a sus amigos gays. La que siempre sale con su comentario rebuscado. La que le gusta comprar en la feria y en la ropa americana.

La que tiene como uno de sus momentos predilectos del día andar en micro y llevar su walkman. La que nunca saca los ojos de su libro de turno.

¡Ella es poh!


Ella es la que mira feo. La que se hace problema por todo. La que critica hasta los suspiros. La que fascinada saca fotos sin sentido. La que a minutos es callada y a minutos nadie la detiene. La que ama salir sola.

Ésa.

La que tiene mansa cachá de amigos. La de la ley del mínimo esfuerzo; la que se saca buenas notas y ni siquiera va a clases.


¡Ella es la que canta las canciones de la Brenda Lee pos!. La que alucina con ese tema de Enrique Guzmán y los Tip Top.


Si jura de guata que sabe en verdad lo que hace. La centrada. La enojona. La idiota. A la que nada le parece bien. La sarcástica. La niña que anhela con irse a vivir a España. La que es sensible frente a lo más repugnante.


¡Aquella mensa pos!


La que ama a los perros, a los caballos y a los hurones. La que no entiende por qué le gusta tener su vida patas pa´arriba. La que a veces está tan bien y otras cuantas ya corre a cortarse las venas. La que inverna todo el año. La que se queda horas embobada en las líbrerías y en las casas disqueras.


Ella, la que ama conversar con los viejos.


La que nunca entiende cómo llegó a este punto. La que se enamora con tanta dificultad. La que nunca es capaz de dar pretextos.


Ella, que es tan directa. Y no piensa las cosas dos veces. Y que sueña con conocer a El Principito. Y que se desvive en su mundo de imaginación estrafalaria. Y que no se cansa de atacar a la Iglesia. Y que además es adicta al queso derretido. Y a la palta. Y al chocolate.

Ella, la que siempre tropieza con la misma piedra y no se arrepiente.


La que no tira el pelo cuando pelea con otras niñas, sino que pega combos. La que dice que en su otra vida fue cebra o aceituna ¡cebra o aceituna!


La que defiende a los suyos a como de lugar. La que da todo cuando confía. Y la que quita todo también cuando la decepcionan.


¡Ella es la que no quiere casarse poh!


La que siempre tiene la razón aunque no la tenga. Ella es la que no le cuesta pa´na parar los carros. La que llora por alguien que nunca conoció. La niña que no soporta las dudas. Ni las mentiras. Ni el cinismo. Ni la falta de carácter. Ni me nos las neuronas en estado de reposo.

Ella.



La que, pese a todo, sabe que no puede volver atrás.


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martes, diciembre 26, 2006

Ni en lápidas ni en flores


Recuerdo cuando ibas y te sentabas a mi lado. Platicábamos horas y horas de nuestras vidas, de nuestros secretos o de cualquier cosa que se nos pasara por la mente.

Incluso aún resuena tu voz en mi cabeza la vez que te conté que amaba esa canción de los Beatles ('Girl'). Fuiste el único que no cayó en carcajadas, es más, encontraste increíble que siendo tan pequeña escuchara ese tipo de música.
Y me pediste que la cantara.
Y la canté.
Y vi el orgullo de un hombre volverse añicos y mutar en sensibilidad.

Todavía golpean esas olas en mis recuerdos. Estábamos tan solos y a la vez tan satisfechos de compañía. Es que no necesitábamos a nadie más: tu sabiduría reflejada en tu tácita presencia se volvió lo más preciado que hasta hoy tengo.
Y a pesar de que ya no estés aún guardo tu voz en mí.

Aunque... ¿alguna vez estuviste?

Es allí cuando desapareces, cuando toda la gente intenta mirarte y sólo yo te puedo ver.
Es allí cuando la gente te busca entre flores y soy la única que se abraza a tu brisa.
Es allí cuando todos lloran sobre una lápida y yo lloro por la alegría de tenerte todos los días conmigo.

De vez en cuando se acercan a mí y me dicen: "Él estaría muy orgulloso de ti. Si se hubiesen llevado tan bien, son tan similares...".
Sólo acierto a esbozar una sonrisa. Esa sonrisa cómplice que descubrí junto a ti. Y sé que tú eres el único que entiende a lo que me refiero con esa sonrisa.
También sé cómo te deslizas en cada palabra que escribo. En cada idea que resbala de mi cabeza. Sé que estás presente en cada una de ellas.

Porque me amas.

Y nadie entiende que no te sumerjas entre flores ni menos bajo una lápida.
Tu nueva vida está aquí, junto a mí.
Y soy la única capaz de entender eso...
Es por ello que no te busco ni en flores ni en lápidas.
Tan sólo me basta buscarte en mí.

Y sé que eres el único capaz de entender aquello.

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martes, diciembre 19, 2006

Conversación de cajón: esperanzas Q.E.P.D en el "one way"

Todo iba bien, hasta el calor era agradablemente soportable hoy. Me levanté tarde (para variar) y almorcé a eso de las 4. Puse uno de mis discos de New Order y mientras cantaba y realizaba las mímicas propias de un estado relativamente alegre (que en mí se logra cuando enciendo el equipo y la música aflora) me fumé el cigarro que a esa hora resulta ya pertinente.


La ducha me esperaba.


Debía juntarme con mis amigas a las 5:30.


Organicé mi cartera con todo lo necesario: mi walkman, los CD´s elegidos para el trayecto (uno de Smoke City, otro de Andrés Calamaro, los grandes éxitos de U2 y el Morning Glory de Oasis), plata, pase escolar, puchos, encendedor, lápiz, mi libreta de emergencias para cuando nace alguna idea loca por ahí y sería.


Me puse los audífonos y me largué.


Llegué al Telepizza de Plaza Italia como a las 5:40. La Kathy me esperaba con su maleta negra y algo anoréxica (porque de equipaje sí que no tenía nada) y comenzó a explicarme que no alcanzó a ir a dejar sus cosas al departamento, por lo que se vino directamente del terminal a nuestro lugar de encuentro. Mi única reacción fue largarme a reír: era extraño partir al Vía X para conseguirnos entradas para la SCA y después ir por unas chelas a Bellavista con una maleta en mano. No sé; me imaginé a doña maleta bebiendo por alguno de sus cierres y brindando por no sé qué en algún momento.


En fin. Luego llegó la Caro y su amiga Gaby. Nuestra aventura en busca de entradas no fue exitosa. Llegamos tarde, más bien, llegamos MUY tarde. A pesar de que nos hicimos pasar por curicanas que venían a la capital sólo para estar en el programa tampoco fue argumento victorioso. Nos retiramos con la resignación bajo el brazo. Había que ahogar las penas, así que partimos a beber una cosa poca por ahí.


La conversa fue bastante "periodística" y no precisamente por analizar algún hecho noticioso o por criticar algún programa chanta de TV. No. Nacieron las putas vocaciones y el por qué entramos a estudiar esa "bendita" carrera.


Tuve que acudir a mis memorables motivos de antaño: "Yo quería estudiar Odontología. Me fue bastante bien en la PSU (saqué en promedio como 698 puntos), pero no me alcanzó para entrar a la Chile. Mi terquedad me llevó al preuniversitario para alcanzar así mi meta al año siguiente, pero me di cuenta de que no me gustaba la biología ni nada que tuviera que ver con la medicina; sólo le pegaba al cuento, nada más. Mi crisis vocacional dio un giro más bien humanista: partió por Teatro, se escabulló en Publicidad, Producción de Eventos y finalmente terminé en lo que estoy: Periodismo. Lo más irónico de todo es que cuando estaba en el colegio dije que jamás estudiaría esta carrera o Leyes, porque eran propias de huevones sin ética e inconsecuentes y bla bla bla..."


Y miren en lo que terminé: ahora soy parte de un montón de huevones sin ética y sin consecuencia. Me proyecto en un ambiente en el que quizás pasen años y no encuentre pega e incluso tal vez tenga que vender seguros o trabajar en un call center para ganarme la vida (con todo el respeto que merecen quienes desarrollan aquellas actividades).
Seré una cesante más que partió con unas inmensas ganas y un tremendo positivismo, pero que nunca realmente estuvo conciente de lo diminutos, cuadrados, chantas y rascas que son los medios de comunicación en este país. No pues; "si yo supuestamente era inteligente y le pegaba a la cosa me tenía que ir bien igual. Ningún huevón con pituto iba a superar mi profesionalismo al momento de hacer la pega".


Sí claro. Niñita ilusa con supuesta coherencia utópica...¡bah!


Resumiendo: la conversación duró un par de horas y llegamos a la idea final de que ninguna de las presentes estaba tan entusiasmada con la carrera como en un principio. El suspiro fue inminente; comenzamos con la mejor de nuestras sonrisas y ahora estamos con una seriedad que va camino al llanto. Y lo que es peor aún: poseemos la amarga conciencia de que el show debe continuar...


Pasó el tema como si nada, o por lo menos intentamos que nuestra falta de motivación no nos pasara la cuenta.


Las botellas ya estaban vacías. Ya no quedaban papas fritas.
Próximo destino: metro Baquedano.


Un sinnúmero de tallas y conversaciones más menos relajadas fueron nuestro comodín de turno.
Nos despedimos y quedamos en vernos el próximo jueves.
Cada una se puso en marcha hacia sus respectivos destinos.


El tema me siguió dando vueltas en la cabeza y estoy segura de que a mis amigas también. Pero qué más da; ya no se puede volver atrás. Ya no estoy tan segura de ir por buen camino. Las dudas e inquietudas aumentan a diario, no sé si podré vivir toda mi vida con el título de "periodista" en mis hombros. La claridad se volvió más tóxica que el aire de Santiago.


En ese momento sólo atiné a caminar. Bajé las escaleras de manera pausada, como si cada paso fuese una meditación más. Saqué el pase escolar, los $120 para el pasaje y traté de poner mis esperanzas en el disco de U2 que estaba en mi walkman. Subí al metro y noté que el paisaje con la velocidad de esa cuncuna mecánica se volvía tan borroso como mi incierto futuro.


Quizás con qué otra sopresita me encuentre al momento de beber una chela...

viernes, diciembre 15, 2006

Reina boba



Tengo la severa intuición de que esta vez ocurrirá lo mismo; soy tan débil algunas veces por el estúpido motivo de hacerme la fuerte.


Guardo un millón de cosas que quisiera decir, pero sé que no debo. No me conviene dar un paso en falso, porque sé que la caída sería demasiado aberrante. Pensándolo bien, de cierta forma camino en un piso frágil igual; yo la muy imbécil sigo dando pasos como si no existiese un vacío allá abajo esperándome.


¿Desde cuándo caí en la bobería? ¡Ni lo pregunten! ya he perdido la cuenta y sería un trabajo extenuante dar con una fecha exacta.


Indiscutidamente me he convertido en una más de la lista de la gente "boba": invierto tiempo que no tendrá beneficios ni ganancia alguna para mí y lo peor de todo; muestro mi lado más terrible con el único fin de no salir "tan" perjudicada. Aún así la puta tortilla se da vuelta y se quema por ambos lados: me hieren igual, sea como sea que me manifieste.


Soy una perfecta y pobre boba que cumple con los cánones perfectos para que la hagan huevona.
A partir de hoy quienes necesiten consejos para sentirse imbécil y deseen también tips para que los traten como verdaderos idiotas q
ue no vacilen en acudir a esta derrumbada persona; los servicios de tontera por mi parte son gratis.


Directo al trono de los bobos,
¿Dónde está mi puta corona?
¿O para variar ya me hicieron huevona?



Saludos desde Bobolandia.
Atte;
Negra, la reina boba-.

domingo, diciembre 10, 2006

Caer en el delirio, nadar en el vómito


Creer sólo en lo que se ve, manera racional...
A veces es bueno darle el pase a la fantasía, pero no por mucho rato, debido a que se emociona en grandes cantidades.


Y es allí cuando caemos en el delirio...
Y es allí cuando lo sin razón nos acecha...
Y es allí cuando encontramos la libertad...


Mas no puedo dar tanto pase a la fantasía, porque se enamora de mis vicios y se vuelve uno más de ellos. Además, la mayoría observa con malos ojos porque no se dieron el tiempo de conocerme.


Y es allí cuando comprendo quiénes de verdad me quieren.
Y es allí cuando comprendo quiénes de verdad alguna vez me quisieron.
Y es allí cuando comprendo a quienes nunca realmente lograron quererme (si es que lo intentaron).


Tú ni siquiera te atreviste a intentarlo.
Pero a la mierda todo lo que sea de ti; el aprecio y cariño que te destiné se volcó en el barro y se perdió en la taza de café derramada. Ahora limpio con un paño todo lo que dejaste aquí, porque mugres en mi vida ya no quiero.


Ya no lastimas, porque ya no me importas. Sólo de vez en cuando me preocupo de saber que aún sobrevives; más que mal, eres un ser humano (aunque ni de eso estoy segura; todo lo que venga de ti es ambiguo).


Pero he aquí mi punto débil. Muchos dicen que es una virtud, pero yo lo veo constantemente como un traspié en mi vida: el indócil rencor no va conmigo, porque tan mierda de persona no soy. Además, la vida da muchas vueltas y nosotros estamos inmersos en cada una de ellas. Juramos de guata al suelo que no nos mareamos, hasta que intentamos nadar contra la corriente y evitar los resultados de una inmensa resaca.


Es en ese entonces cuando vomitamos-.

martes, noviembre 28, 2006

Con medalla de plata en el pecho

Desperté casi con una cachetada en mi garganta.
Lo sé; suena extraño, pero qué quieren que le haga: mi vida tiene una severa peculiaridad enraizada.

Amanecí con un sentimiento algo cobarde: un miedo a poner un pie en la calle. Tenía unas ganas inmensas de arrancarme los ojos y tener así una "pequeña" excusa mientras me desangraba por voluntad propia en mi cama. Pero no: saqué fuerzas del Nesquik que nunca me tomé cuando chica y decidí arriesgarme pese a mi mal presentimiento.

Tan porfiada que salí. Tan testaruda. Tan fija en una puta idea que no se va de mi cabeza hasta alcanzarla. Debe ser por eso que en esta demencia que me acompaña tomo todo como un singular trofeo: peleo por ello hasta alcanzarlo y no rendirse resulta agotador.

El problema no va en alcanzar lo que quiero, sino que no hago un previo estudio en cuanto a lo que voy. No calculo riesgos, no evalúo estadísticas que me soplan entre cifras lo que me pueda pasar y me sumerjo en un juego en el que no puedo perder, porque simplemente no sé admitir las derrotas.

Ahora me explico aquel karma: contigo ha sido la única vez que he sacado un segundo lugar y por ello mis constantes manías respecto de ti. Pasan los años y no me conformo con el premio de consuelo.
Será por eso que sigues aquí sin estar.
No sé perder...
Y puede que la medalla de plata aún me pese en el pecho.

lunes, noviembre 27, 2006

Prisa, calma, intentos y perfección (vaya mezcla)


Sin ganas de ganarle a la prisa.
Sin ganas de competir con la calma.
Sin ganas de perseguir intentos.
Sin ganas de patear lo que solía ser perfecto.

Con prisa.
Con calma.
Con intentos .
Con supuesta perfección.
¿Qué va?
¿Si nada de esto tiende a volverme adicta a ellos?

Y tal vez la prisa me apresure.
Y tal vez la calma me apacigüe.
Y tal vez los intentos me den esperanzas.
Y tal vez la perfección resuelva mi vida por defecto.

Causa número uno: congelar la prisa.
Causa número dos: volver esquizofrénica a la calma.
Causa número tres: derrotar a los intentos.
Causa número cuatro: bajarle el ego a la perfección.
Resultados obtenidos: ...

Prisa anda tan apurada que no la alcanzo.
Calma se está tan quieta junto a la conversa con aquel caracol.
Intentos yacen tan ensimismados en sus esfuerzos.
Perfección no tiene espacio para admirar a lo que no está a su altura.

Sobre tacones que atrasan el camino veloz de los rieles de mi cama.

"¡Deprisa doña calma que el señor intentos quiere pasar al burdel antes de conocer al sumo pontífice Perfección!"

domingo, noviembre 05, 2006

Y aquí vamos de nuevo


Cojo mis audífonos. “Knives out” comienza a recorrer mis sentidos. Un gato se atraviesa en mi camino, más bien, yo tropecé en el suyo. Es pequeño pero con dos enormes ojos que me intimidan. Siempre me han intimidado los gatos. Los motivos, no los sé. Tal vez por eso no me gustan.

Luego de evitar al gato sigo mi camino. Debo llegar a la Alameda en menos de 30 minutos, algo casi imposible de lograr si consideramos que vivo en La Florida.
Me siento en el paradero con mis ánimos desesperanzados. Creo que no llegaré a tiempo a la clase. Han pasado más de 10 minutos, lo mejor es devolverme a casa, pero lo malo es que no quiero volver. No quiero estar allá, ni tampoco acá, menos en clases.

Ya no me explico qué está pasando, por lo que sospecho que terminaré culpando a la alineación de los planetas, la cual no me está favoreciendo.
¡Ups! Se me olvidaba que no creo en la astrología ni en esas cosas con las que Zulma se hace sus monedas.

Entonces ¿qué viene?

Garbage está acosando a mis audífonos. Finalmente aparece la 357. Subo. El chofer me mira con cara de matón. Recibe los $120 y para variar no me entrega boleto ¿qué extraño no? Me siento al lado de la ventana, un sinnúmero de paisajes grises van quedando atrás para darles paso a otros en los próximos semáforos.

Una sensación algo viciada llega a mí. No es algo nuevo: hace meses que se familiarizó conmigo. Lo que no entiendo es que, a pesar de ser un agradable estremecimiento, me hace mal.

Mis tentativas de apartar aquello de mi cabeza resultan infructuosas: por más que intento poner mis pensamientos en otro contexto éstos vuelven a caer. Son unos malditos reincidentes.

Después de unas 12 o 15 canciones llego a Plaza Italia.

Tamara, despierta. Tu realidad universitaria está a cinco minutos de acá. Debes moldear tu sonrisa y tus frases cliché para la rutina social de costumbre en República.

La Moneda me saluda con aires burocráticos. No le devuelvo el saludo. Espero topar mi vista con la Facultad de Odontología de la Mayor, ya que a la otra cuadra me bajo y comienza mi vida supuestamente responsable.

Piso tierra firme. Atravieso en el semáforo. Miro hacia atrás buscando la manera de sajarme de todo esto, pero no la encuentro.

Sacudo mis pensamientos en ansias de colocarlos en su lugar. Lo malo es que no sé cuál es ese lugar.
Ya estoy en R7. Mi vida autodidacta se ve amenazada. Mis pensamientos reales se esconden del mundo al cual los estoy exponiendo.

-¡Wena pos Negra! ¿Cómo estay?-

Me saco los audífonos: la música deja de sonar en mis oídos.
Y aquí vamos de nuevo.

miércoles, noviembre 01, 2006

Y eso que aún ni te dignas a aparecer


Es como si en medio del ensordecedor ruido me hubiesen dado palabras de paz silenciosa. Se detuvo el mundo un par de segundos, éste me invitó a pensar que no es tan malo después de todo.

¿Es tan real como lo pienso? ¡Si ni siquiera aún existe!

Pero la impaciencia me está matando, pero de una felicidad que nunca antes había experimentado.

Pese a todo lo que se está paseando por mi vida en estos momentos (y me refiero a un “todo” no muy agradable que digamos), esa vocecita muda canta en mis oídos. Me susurra dulzura e inocencia, aunque todavía no experimenta nada de lo que nosotros llamamos “concreto”.

Estoy volcando todas mis esperanzas en aquella utopía cobijada en un vientre, pero que dentro de nueve meses me tapará la boca con su aparición casi divina.

Ahora sé que debo reforzar mi ser como nunca antes lo había hecho: un serafín amateur con un alma recién construida se paseará dentro de un universo terrenal sin previa experiencia. Tengo que ser su guardaespaldas, he de cuidar sus emociones como la abeja cuida su miel. Y estoy segura de que esta miel es más dulce que la de las abejas.


De aquí en adelante me referiré directamente a ti. Sí, a quien se está bañando en ilusiones de un número de humanos que no haya la hora de que salgas de tu guarida. A quien anula en estos tiempos todos mis momentos de tristeza, porque lo único que he hecho desde que supe de tu futura existencia es pensar en ti. Y desde ya te digo que te amo, que te amaré siempre y que nunca nadie me separará de ti.

No sé quién eres ni qué esperas de mí, ¡ni siquiera sé qué es lo que espero yo de ti! Pero sea lo que sea, me des lo que me des, lo tomaré con todo lo que tenga y lo dejaré en un cofre bajo siete llaves, así nadie podrá arrancármelo y dejaré a un millón de mis guardianes imaginarios al lado de ese preciado tesoro que has de obsequiarme. Recopilaré cada mirada, cada risa, cada avance, cada contacto que tenga con tus manos, con tu piel, con tu vida.

Desde hoy mi vida está a tu disposición, has con ella lo que te dé la gana. Tienes mi voluntad a tu merced, porque mi amor se transformó en tu esclavo, en la dependencia más absoluta que el cariño pueda advertir.

Quiero que sepas que realmente posees gran fortuna: caíste en un par de vidas maravillosas, donde los sentimientos se pasean con una tranquilidad envidiable, con abundancia, con sano vaivén.

A ese par de vidas los admiro como cuan aprendiz se asombra de su maestro, es más, los amo y los retengo en mi mente como hábiles peldaños que debo alcanzar. A ellos los llamarás padres.

Te contaré un secreto, tal como el zorro le contó este secreto al Principito: “sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. Los hombres han olvidado esa verdad, pero tú no debes olvidarla”.

En estos instantes estoy mirando con el corazón, porque puedo verte. Tú eres lo que para mí es esencial y aún eres invisible a mis ojos, con la única excepción de que cuando logre verte seguirás siendo mi esencia.

Me despido de forma momentánea, debido a que nunca te diré adiós. Esperaré con ansias tu sobresaliente participación estos nueve meses. Luego aguardaré el instante en que embellezcas mi vida con sólo saber que estás a mi lado.


Nunca me cansaré de decirlo: desde ya te amo.


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Gracias por transformar mis días. Han logrado que deje a un lado lo que me cegaba. Han iluminado mi cuerpo y le han regalado sangre nueva, la cual circula plenamente por mis venas. Los amo a los tres.

martes, octubre 24, 2006

Leche y cereales


Silencio.
Esto es lo que va quedando en los pasillos.
Estoy conviviendo con la mirada en el suelo.

Desde que comencé a concentrarme en los laberintos, éstos se burlan de mí. Y mutan. Ríen porque crecen y no tienen que tomar leche para ser grandes, ni menos comer cereales. A mí me dijeron eso cuando chica: para crecer debía tomar leche y comer cereales.

Creo que nunca comprendí su real significado. Yo quería crecer, pero dentro de mi mundo. Me daba igual robustecer mi masa ósea, menos ser la más alta de la fila en el colegio. Porque eso no es lo que te hace feliz ¿cierto?

Pienso que por ello hice caso omiso a las indicaciones de los mayores. Sigo buscando lo que engrandezca mi mundo. El espionaje es arduo, solitario, desorbitante.

Como dijo Antoine de Saint-Exupèry: "es tan misterioso el país de las lágrimas". El sol está empapado de ellas. Nadan muy tranquilas en el mar que formaron tras la victoria de laberintos ya crecidos. Y continúan creciendo...

Iré a la cocina. Cogeré la ingenuidad que alguna vez tuve cuando pequeña.
Disimularé creer en lo que me dijeron los grandes: buscaré un vaso de leche y cereales.
Puede que ahora sí crezca mi mundo interno
.

jueves, octubre 19, 2006

La dualidad coexistiendo con la intensidad


Creo que ya todos saben que si hay una palabra que me define es la dualidad. No sólo porque clínicamente pertenezco al grupo de los bipolares (cosa que para mí no resulta problema ni complicación), sino porque pienso que poseo cierta ventaja al poder ver el mundo con sus dos caras a la vez.

Mi vida corresponde a circuntancias y acciones dobles, que no suceden porque sí, que no parecen complementadas con su opuesto por nada. Siempre hay una razón en lo mío de existir por dos. Un claro ejemplo han sido estos últimos meses: mi vida ha dado vueltas en círculos y cuadrados, dejando a la geometría de cabeza y retándola a lo inusual.

Mis tendencias son algo autodañinas: ¿por qué tiendo a disfrazar lo que siento dándole otro significado a lo que me pasa, cosa que concretamente no es así? Me lo explico como una forma de autodefensa, de sobrevivir a esta selva humana de la que si no piensas antes de actuar, pierdes.

La fortaleza e independencia del resto son fundamentales en mi paso por esta experiencia terrenal. Sé que muchos dudan de esto y no lo reprocho: mis acciones tienden a representar vulnerabilidad, pero reitero lo dicho: es inevitable disfrazar lo que me concierne.
Lo anterior no quita una de mis mayores debilidades: la pasión y la intensidad con la que vivo mis experiencias. Califico esto como debilidad porque hay una fuerte predisposición por parte del ser humano a subsistir a medias, a no entregar un 200% por temor a fracasar, porque creen que van a sufrir un 400%. Y es verdad: la posibilidad de venirse abajo es constante pero, y si se triunfa ¿no es mejor disfrutar en un 400% también?

Opto por la vida intensa, a pesar de que bordee en el naufragio. Lo acepto. La mayoría se siente amenzado por aquella actitud mía, pero mi intención no es dañar ni ser una barsa: sólo quiero descubrir mis océanos y vivirlos detalladamente sin perderme los pormenores.

viernes, agosto 18, 2006

NO OLVIDAR: Debo comprar un insecticida


Mi interior se ha destruido. Mi cabeza sentó sobre sí misma. He decidido continuar con lo mío, con lo que nunca debería haber abandonado: mi vida.
Cada segundo concedido era tiempo que amedrentaba todo lo que me correspondía por derecho propio.
En fin, voy al punto: volveré a mis orígenes, a la persistencia en la sensatez.
¡Qué ingenuidad la mía!
Pensé que lograría separar esa estúpida adaptación que tienen algunos a lo común, a la ridícula rutina que les otorga esa patética seguridad inerte.

Nunca lo voy a negar, es más, me ocuparé de enfatizar siempre que lo intenté, que traté por todos los medios posibles transformar lo que muchos creen perdido. Odio admitirlo, pero he terminado cruzada de brazos al igual que el resto. He apagado la ínfima luz de credibilidad que cedía a la gente, terminé en lo que constantemente evitaba caer: la decepción.
No por ello me siento derrotada, menos quiere decir que rociaré de pesimismo cada palabra que emita. Esta vez la pena, la rabia y la desdicha se pueden pudrir juntas si así lo quieren, porque por lo menos en mis ideas y acciones no hay un espacio para sus majaderías.

Me permitiré escribir una aseveración inminente para esta circunstancia algo “especial”: por mucho que las utopías traten de disfrazarse de realidades posibles terminarán en lo que fueron sus raíces: quimeras creadas en mentes ilusas.

Bajo un puente se pasean los esfuerzos de no agotar mi paciencia, debido a que no se les permitió caminar por senderos sólidos: palabras vacías e indiferencia lograda (pero mal creada y jamás sentida, de eso estoy segura) ganaron terreno y expropiaron lo que entregué con tantas ansias.

Hoy digo no más. Hoy afronto lo que siempre resistí y que en un momento de debilidad y distracción traté de torcer. Hoy asumo las consecuencias de mis actos no premeditados. Desde hoy trazaré una línea que demarque mi territorio de mundo suspicaz y nadie la podrá borrar.

Me despido con un sabor amargo. Espero que aquello tan agrio me sirva al fin para comprender que las tentaciones dulces siempre terminan llenándose de hormigas interesadas, que lo único que buscan es el beneficio propio y que, al ver que lo dulce se acabó, se van sin siquiera dar las gracias.
Tendré en cuenta que debo comprar un insecticida, los daños que han provocado estos malditos bichos me tienen hastiada y a la defensiva. Conste que yo no quería caer en el juego de “salvarse el pellejo”, pero no me queda alternativa. Al menos, dignamente intenté alejarme. Lamentablemente, los esfuerzos fueron inútiles. Llegué a lo que nunca quise obtener: susceptibilidad.

Adiós mentes inertes, me dedicaré a seguir con mi vida que, a todo esto, bastante abandonada la había dejado.

domingo, agosto 13, 2006

Doble filo en mis días

Los días se asoman frente a mi nariz, hacen un ademán de burla y se van. Doy vueltas en mi cama, trato de pensar qué es lo que estoy buscando, qué lo que espero obtener de todo esto. Tras no obtener respuesta, continúan los sermones de mi almohada: jura de rodillas que es la indicada para sacarme este embrollo de encima. No comprende que no puede emitir juicios, debido a que ella también ha sido parte de trozos de tiempo acumulados tratando de descifrar.
Otorgarle razón a las instancias, para así vivir.
Rezarle sabiamente a la apariencia. Total, qué más da: nadie la conoce realmente.
Seguir jugando a lo que todos creen conocer. ¿Sabías que los cristales nunca reflejan la exactitud en su 100%?
Tragarme la desesperanza y los deseos de explotar. Vivir de un orgullo seguro, de falsas arritmias.
Flotar en pasos desafiantes, en tonos confiados.
La mesa está servida. Mi vida pende del mantel que asoma a través de ironías.

Un cuchillo en la mesa. Qué dices: ¿con o sin filo?